“Mundaka tras la tormenta”

A menudo los fotógrafos de paisajes visitamos los mismos lugares una y otra vez, hasta que damos con la luz adecuada o con las condiciones climatológicas más favorables para nuestro propósito.

Otras fotografías, cómo es el caso de “Mundaka tras la tormenta”, son más fruto de la casualidad, de la suerte y de estar en el lugar adecuado en el momento preciso.

El día que tomé ésta imagen estuve dando un paseo, buscando zonas de acantilados para futuras sesiones. A las 16:00 h. durante el mes de Marzo el sol aún está muy alto, y no suele ser buen aliado para la fotografía de paisajes. No obstante, siempre salgo equipado con todo el material fotográfico por lo que pudiese surgir.

La Ermita de Santa Catalina en Mundaka, está situada junto al mar, en un sitio privilegiado. Cualquier época del año puede ser propicia para visitarla y contemplar los hermosos parajes que existen a su alrededor.

Recuerdo que era Sábado, y la temperatura ambiental agradable. Me situé frente a la Ermita; ví que una familia disfrutaba del hermoso día primaveral. Una niña de ésta familia iba pedaleando en bicicleta, aproveché el momento de disparar e incluirla en el encuadre. Me gusta ser respetuoso, y más tratándose de menores; así que, solamente se la ve de espaldas dirigiéndose hacia la Ermita. Quería humanizar y dimensionar el lugar… cualquier otro personaje hubiese servido de igual manera.

Caminé junto a la costa durante al menos cuarenta minutos “buscando apuntes fotográficos” y disfrutando de las vistas que ofrece el Cantábrico.

De regreso sobre mis propios pasos, el cielo comenzó a cambiar su color azul por el de un gris plomizo. Por momentos, pensé que la lluvia de la tormenta que se avecinaba, me empaparía por completo antes de llegar hasta mi vehículo. Aceleré el paso, y fotografié de nuevo la Ermita. Ésta vez con un cielo gris oscuro… una escena completamente opuesta a la de la niña en bicicleta.

Cerca del aparcamiento, dónde tenía el vehículo, busqué otro punto de vista de la Ermita (algo más lejano), con los acantilados en primer término.

Inevitablemente empezó a llover, y acto seguido fui al vehículo a refugiarme del aguacero. Una vez en el interior, aproveché para comer unos sandwiches… aún no había comido y estaba hambriento.

Al poco tiempo, me percaté de que algunas personas caminaban apresuradas dirección a la costa con sus cámaras compactas en las manos. Giré la cabeza… y ahí estaba el arcoiris en todo su esplendor. Dejé inmediatamente de comer; cogí mi cámara, un filtro degradado de grandes dimensiones para colocarlo con la mano, y disparé ocho o diez veces con el mismo encuadre que hice anteriormente (para mi gusto uno de los mejores en ésta localización).

Aún me dio tiempo de hacer otras composicines, mientras se iba diluyendo poco a poco éste fenómeno atmosférico que tanto nos apasiona a los fotógrafos.

Desde aquel día no he vuelto a ir a Mundaka; quizá porque en mi fuero interno piense que ya tengo la imagen perfecta de éste hermoso lugar. Posiblemente esté equivocado; así que, cualquier día de éstos vuelva en busca de otro instante único e irrepetible.

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